Desde el interior del casco antiguo, a través de la
Avenida de Chile, se llega a la zona escolar y
deportiva donde se ubica este Instituto. Al
edificio se accede desde la calle Antonio Nebrija
y la fachada principal mira hacia el olivar existente,
conservando parte del que se encuentra en el interior de la
parcela, frente a la calle Felipe Trigo y con vistas a la lejana
sierra.
A través de un porche suavemente escalonado se accede
al vestíbulo, abierto entre patios acristalados, llenos
de vegetación y con transparencias hasta el porche posterior
de juegos y gimnasia. Este vestíbulo divide, a su vez, las
aulas de las zonas de administración y profesores.
Exteriormente, un acceso alternativo
separa las aulas y talleres
de formación profesional.
El gimnasio, la cafetería y las
aulas específicas o multiusos forman
un todo único que, rodeado
de porches, podrá utilizarse
como patio de juegos y, en ocasiones,
configurar distintas posiciones
de asientos que, junto
con las gradas fijas, permitan organizar
cualquier evento o espectáculo. La vivienda del conserje, con entrada
desde la fachada colegial posterior y abierta
a un patio privado, separado del resto.
En planta alta, la zona docente propiamente
dicha: aulas y laboratorios, con orientación
Norte – Sur para un mayor ahorro
energético y distribuidos a través de patios
ajardinados. Los pequeños patios de las
aulas, cubiertos mediante lamas o trames
para evitar el fuerte soleamiento de la zona,
servirán también como posibles clases al aire
libre.
Las escaleras equidistantes, sobre vacíos
o junto a los patios, separadas de las fachadas
de vidrio, funcionarán, junto a las ampliaciones
puntuales de los pasillos, como
espacios de desahogo con vistas a zonas
verdes.
Las pistas polideportivas con la orientación
obligada Norte – Sur, a distinto nivel
para adaptarse a la diferencia de cotas de
la parcela y en la posición más adecuada
respecto a sus vecinos colindantes, igualmente
dedicados a centros escolares.
Por último, la biblioteca totalmente acristalada
al Norte, con vistas desde el acceso
principal y junto a una amplia terraza en
planta alta, que servirá de reposo y esparcimiento.
El conjunto, una arquitectura que se mira
a sí misma, sin elementos superfluos pero rica
en espacios entrañables y pequeñas sorpresas.
Un edificio abierto y aparentemente
compacto, en el que tanto el fuerte voladizo
del porche de acceso como las dimensiones
del volumen único conseguirán la imagen rotunda
de un complejo instituciona,
emblemático y de fuerte carácter tradicional,
dedicado a la docencia.
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